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Insólitos

Audaz ladrón roba 800 metros de carretera

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Shanghai, China.

Un audaz ladrón en China robó cerca de 800 metros de una carretera pavimentada para revender el cemento, un delito cometido en tan solo una noche, informó un medio de comunicación chino.

Los primeros en percatarse del robo fueron los habitantes del pueblo de Sankeshu, en la provincia de Jiangsu (este), que llamaron a la policía el 24 de enero para informar sobre la misteriosa desaparición de un tramo de la vía, según informó la agencia China News Service.

Los vecinos pensaron que se trataba del inicio de obras de renovación de la ruta, pero muy rápidamente la policía descubrió que había algo más detrás de la desaparición de un tramo de la carretera.

Un hombre alquiló una excavadora para romper el pavimento y luego fue cargando los trozos en camiones para llevarlos a una fábrica de materiales de construcción que le compró su ‘mercancía’, indicó el mismo medio.

El ambicioso ladrón buscaba una forma de ganar dinero y consideró que revender cemento usado era una buena “oportunidad comercial”. Pensó que se trataba de un buen plan, sobre todo después de que una nueva carretera cercana a la zona redujera considerablemente el tránsito por la ruta en cuestión.

“Nadie más transitaba por aquí. Entonces ¿por qué no reciclar los pedazos de cemento para hacer algo de dinero?” declaró el acusado, según China News Service.

El ladrón se llevó en total 500 toneladas de cemento. La fábrica se las compró por 5.000 yuanes (unos 640 euros o 796 dólares).

La historia desató el viernes una ola de comentarios en las redes sociales, entre quienes se rieron de la “creatividad surgida de la pobreza” de este hombre, hasta críticos que pidieron como “castigo más apropiado, que repare la carretera”.


laprensa

 
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La pitaya, el exótico tesoro escarlata que nace en los campos de Jalisco

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Crece entre cactus de unos 100 años de antigüedad y cuyos “brazos” o ramas se extienden hasta cinco metros a lo alto.

Guadalajara, México.

Los campos del poblado de Techaluta, al sur del occidental estado mexicano de Jalisco, esconden un tesoro llamado pitaya, un fruto exótico que cada año reúne a cientos de familias para la cosecha y que se ha convertido en una tradición que se transmite de generación en generación.

La primavera trae consigo el calor y con él la época de recoger la pitaya, que crece entre cactus de unos 100 años de antigüedad y cuyos “brazos” o ramas se extienden hasta cinco metros a lo alto, lo que obliga a utilizar herramientas especiales para su corte, explica a Efe Ricardo Navarro, ingeniero asesor de los productores.

Los cactus crecen en el campo o en los huertos de las casas más antiguas del pueblo hasta donde llegan los familiares o vecinos para ayudar con las labores de corte, pelado y acomodado de la pitaya.

Este fruto exótico propio de América Central y México, de color rojo escarlata o amarillo y con semillas negras, es uno de los más buscados en la época de calor por su frescura y el jugo que contiene en su interior.

Las nueve variedades que existen son distintas en color pero no en propiedades, entre las que destacan su función diurética, su efectividad para combatir la anemia y la posesión de un 6% de proteína, esto último algo inusual para un fruto según el ingeniero.

Para que las pitayas crezcan en el cactus es necesario que salga la flor y que esta luego sea polinizada por los murciélagos.

Así, el fruto puede crecer hasta convertirse en una bola cubierta por una espesa capa de filosas espinas.

Techaluta es el municipio de Jalisco con mayor producción al sumar unas 350 hectáreas de terrenos, pero también existen huertos en los poblados cercanos como Amacueca y Zacoalco, cuyo clima es también árido.

Las altas temperaturas en esta región y los inclementes rayos del sol obligan a trabajar durante la madrugada. Por abril y mayo, meses de “la privanza” o mayor cosecha, el pueblo vive de noche y duerme de día.

Navarro relata que las risas y la música hacen más llevadero el sueño que ataca a ratos durante la jornada.

Los trabajadores conocidos como “pitayeros” se arman con botas, una lámpara sobre la cabeza y un cortador especial elaborado con un palo largo de madera y cuatro picos de metal.

Cobijados con el silencio de la noche y bajo el cielo estrellado, los “pitayeros” se pierden entre los enormes cactus en busca de las pitayas maduras.

Es fácil identificarlas: si las espinas que la rodean se caen fácilmente, la fruta está lista, dice a Efe Juan Miguel López, uno de los trabajadores.

Desde hace una década, López ayuda a cortar la pitaya para sacar un “dinerito extra” complementario al salario que gana como albañil durante las mañanas. Su esposa ayuda también a pelar la fruta.

La labor parece más fácil de lo que es en realidad, ya que si la persona se equivoca en el corte provoca que la pitaya caiga y que las espinas queden en su cabeza.

La cosecha se hace lentamente y con cuidado porque si la fruta se aprieta de más, la pulpa se aguada y ya no sirve para la venta, apunta Navarro.

Añade que esa es otra de las razones por las que el trabajo se realiza de noche, pues el calor provoca que las pitayas no estén firmes y, además, cambia su composición química, a tal grado de que puede llegar a hacer mal estómago.

La delicadeza para tratar la pitaya la tienen también los cortadores, quienes cada noche reciben decenas de rebosantes recipientes.

Ayudados con una pinza de metal y un cuchillo, las manos de mujeres y adolescentes quitan las espinas y los restos de la flor para dejarlas lo más limpias posibles.

Luego son acomodadas en los “chiquihuites” o canastas de hilo de hoja de palma y cubiertas con ramas de alfalfa para conservarlas frescas, listas para viajar a primera hora del día hasta los puntos de venta, principalmente en Jalisco y Michoacán. Texto, foto y video de EFE.

 
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El mayor desafío para viajar a Marte es la radiación, dice un exastronauta ruso

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Las agencias espaciales son capaces de ir a Marte, pero que estas largas misiones pueden ser dañinas para la salud humana.

Montevideo,Uruguay.

El exastronauta ruso Serguéi Krikaliov, que se encuentra en Montevideo para participar en un simposio de la industria espacial, explicó hoy a Efe que la protección de la radiación galáctica es el mayor desafío que impide que el hombre viaje a Marte.

“Más tarde o más temprano podremos ir a Marte, pero probablemente no en un período corto de tiempo porque aún tenemos muchos desafíos y el más grande es la protección de radiación“, declaró el excosmonauta que pasó poco más de 800 días en el espacio si se suma la duración de sus seis viajes.

En este sentido, el experto detalló que las agencias espaciales son capaces de ir a Marte, pero que estas largas misiones pueden ser dañinas para la salud humana.

“Necesitamos o una protección de radiación más fuerte o volar mucho más rápido para no exponer a los humanos a la radiación galáctica”, comentó el ahora director ejecutivo de Pilotado de Vuelos Espaciales para la Agencia Espacial Federal Rusa (Roscosmos).

Krikaliov también señaló que en general existe una concepción equivocada por parte del público sobre la actividad actual de la industria espacial, pues los ciudadanos creen que las agencias se están volviendo “lentas” en comparación con los avances que se realizaron en las décadas de 1960 y 1970.

“Es parcialmente verdadero, pero también hay que tener en cuenta que los proyectos se volvieron más y más complejos y que la industria está afrontando más y más problemas porque hay que desarrollar sistemas más inteligentes”, anotó el especialista, quien defendió que los proyectos de hoy en día no duran tres o cuatro años, como antes, sino 20.

El ingeniero mecánico, que de niño soñaba con ser astronauta cuando leía libros de ciencia ficción, se desplazó a la ciudad más austral de América para compartir su visión y experiencia con jóvenes profesionales de la industria del espacio durante la Conferencia Global sobre Aplicaciones Espaciales (GLAC) que se celebra desde hoy y hasta el 23 de mayo.

En este sentido, el excosmonauta resaltó que es capaz de dar consejos actuales, ya que fue astronauta hasta hace muy poco y que todavía trabaja en “esta área como responsable del entrenamiento en vuelos de humanos al espacio”.

Krikaliov resaltó que tener una buena conciencia es algo clave cuando uno se encuentra en el espacio, pues la estación suele ser pequeña.

“Ahora podemos depender más del apoyo de la comunicación desde la Tierra, pero antes teníamos que poder solucionar algunos problemas inmediatamente y a veces incluso sin ayuda de la Tierra”, añadió.

Además, explicó que la experiencia le enseñó que “si algo sale mal lo primero que se pierde es la comunicación con la Tierra”, por lo que uno necesita ser autosuficiente para poder “afrontar cualquier problema”.

Krikaliov es conocido, aparte de por ser uno de los hombres que pasó más tiempo en el espacio, por ser “el último ciudadano” de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), ya que cuando esta se disolvió, en 1991, él se encontraba en una misión espacial.

“Mi tripulación fue lanzada en mayo de 1991 y durante nuestro vuelo hubo una turbulencia en la superficie -dijo haciendo referencia al fin del Estado federal-. Mis compañeros volvieron y los siguientes vinieron y cuando volví la bandera en mi traje espacial era una bandera soviética”, relató.

Ante este hecho, la prensa señaló que la suya era “la última” expuesta, pues las demás ya habían sido reemplazadas por banderas rusas.


EFE.

 

 
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Bebé rompe normas al nacer en una remota isla de Brasil

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Río de Janeiro, Brasil.

Una remota isla brasileña dio la bienvenida a su primer bebé en 12 años, luego de que una mujer rompiera las normas que prohíben dar a luz ahí.

La pequeña niña nacida en la isla de Fernando de Noronha el sábado fue una sorpresa para todos, incluidos sus padres.

“La madre, que no quiere ser identificada, tuvo labores de parto en su casa”, dijo el administrador de la isla en un comunicado difundido por el diario O Globo. “La familia dice que no estaba al tanto del embarazo”.

Fernando de Noronha, un pequeño archipiélago en el Océano Atlántico famoso por su reserva natural y con una población de poco más de 3.000 habitantes, no autoriza los partos porque sus centros de salud no cuentan con maternidad, según O Globo.

Las mujeres embarazadas deben viajar a tierra firme, donde la ciudad más cercana es Natal, 365 kilómetros a través del océano.

La madre que dio a luz el sábado tiene otro hijo que nació en tierra firme, pero dijo a O Globo que esta vez no “sintió nada” durante el embarazo.

“La noche del viernes tuve dolores y cuando fui al baño vi algo saliendo entre mis piernas. Ahí fue cuando el padre del bebé vino y lo recogió. Era un bebé, una niña”, dijo.

“Yo estaba boquiabierta”.

 
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